sábado, 11 de febrero de 2012

Copito y Virunga historia de Amor y Desamor


Virunga’, la conmovedora vida íntima de una gorila del zoológico de Barcelona

La muerte de la hija de ‘Copito’ destapa un culebrón simio digno de ‘Los Tudor’

“Cuanto más aprendo de la dignidad del gorila más trato de evitar a la gente”, decía Dian Fossey, la famosa primatóloga de Gorilas en la niebla. No hay que extrapolar sentimientos humanos a los animales, ni siquiera a los grandes primates, pero la verdad es que los gorilas, al cabo nuestros primos según prueba su ADN, pueden ser a veces muy como nosotros, o nosotros muy como ellos. La muerte, el martes pasado en el zoológico de Barcelona, de la gorila Virunga, hija del icónico Copito de Nieve, cierra una vida intensa con componentes que, de darse en una existencia humana, no dudaríamos en considerar propios del melodrama y hasta del culebrón. Hubo de yacer con su padre, su primera pareja era sexualmente inapetente y la segunda, con la que finalmente la cosa funcionó, acabó prefiriendo a otra. Murió en soledad y su consorte se consoló comiendo higos.

Conocer la historia de Virunga, con sus alegrías y sinsabores, nos acerca esos seres hirsutos a los que a menudo ignoramos en sus selvas o sus jaulas y nos ofrece motivo para la reflexión sobre nuestros propios deseos y pasiones. En síntesis: nadie hubiera dicho que adentrarte en la familia de Copito era como ver Los Tudor en versión simios. Virunga nació en el mismo zoológico el 23 de mayo de 1979, hija del gorila albino y su hembra favorita, Ndengue, fallecida en 1997. La pareja tuvo siete hijos, de los que Virunga era hasta el martes la única superviviente. Varios de sus hermanos, como Edu, Oyana y Mongomo, vivieron pocos años, incluso apenas meses o días (la mortandad infantil en gorilas es muy alta). Uno de ellos, Urko, en cambio, floreció —es un decir— hasta convertirse en un pedazo de macho de espalda plateada que daba gloria (o susto, según la perspectiva reproductiva) verlo.

Urko, fallecido en 2003 a los 25 años, hoy permanece, disecado, en los fondos del Museo de Ciencias Naturales, adonde seguramente irá a parar también Virunga. “Ndengue era la hembra alfa del grupo de Copito”, rememora en su despacho del zoológico Maria Teresa Abelló, conservadora de primates, que denomina a los gorilas del zoológico su segunda familia, aunque uno casi le arranca un dedo de un mordisco. La preferida del albino era “un hermoso animal de postura altiva, muy noble, un gorila muy gorila, como su hija Virunga”.

Los secretos de 'Virunga'

Abelló se emociona al pronunciar el nombre de Virunga, a la que conoció hace 27 años y que prácticamente murió en sus brazos. “Fui a su recinto, me incliné sobre ella, ya no respiraba”. La mirada se le va hacia el gorila de peluche que descansa sobre su archivador. Virunga, que contaba 32 años, edad ya provecta para un gorila, que viven unos 40, falleció a resultas de complicaciones tras un cuadro de disentería bacteriana aguda, pese a recibir un tratamiento propio de la sanidad de antes de los recortes, incluidas ecografía, endoscopia, colonoscopia y una insólita transfusión de sangre de gorila a gorila. “Ahí los tienes”, dice la primatóloga señalando una foto en la que Copito y Virunga aparecen en una posición que difícilmente calificarías de típica de álbum de familia.

Copito, el gran blanco, tuvo 21 hijos con tres hembras, Ndengue, Yuma y Bimbili. Sobreviven tres: uno de Yuma, Bindung II, que vive en el zoológico de Fukuoka (Japón), y dos de Bimbili: Machinda (Barcelona) y Kena (Blackpool, Gran Bretaña). De los 11 nietos vivos de Copito, Nimba, que reside en Arnhem (un lugar tranquilo cuando los paracaidistas no atacan el puente), es la única entre sus descendientes hasta ahora que ha heredado un rasgo albino: tiene un dedo blanco.

Los nietos son todos hijos de Xebo, un afortunado gorila resultón venido de Holanda para cubrir las necesidades de las gorilas barcelonesas. Una de las nietas supervivientes es la única hija viva de Virunga —que tenía partos muy difíciles y poca leche—, N’tua. “Virunga la crió ella misma, como su madre hizo con ella. Ese factor provoca que las gorilas sean más capaces de sacar adelante a sus hijos que las que han sido criadas por los humanos”, explica Abelló mientras acaricia pensativa las hojas de papel con los informes que constituyen la somera biografía de la gorila. Por lo visto, también aprenden la conducta sexual de los padres, observando con gran interés cuando copulan.

¿Cómo era Virunga? “Era una gorila grande, de porte majestuoso, muy digna, orgullosa, dominante pero no agresiva; no cordial pero sí cercana”. La primatóloga prosigue conmovida: “La echaremos en falta”. La vida íntima de Virunga fue compleja. “Su primer macho, Willy, no funcionó, no hubo reproducción; o no congeniaban o él no marchaba, lo que pasa mucho entre los gorilas” (!). “Sí, se da a menudo una carencia de conducta sexual”.

“Cuando murió Ndengue en 1997 y Copito se quedó solo, se decidió que era prioritario darle una compañera, un primate no está bien en soledad. Así que le pusimos a Virunga, que parecía una buena opción porque siempre había mostrado un buen repertorio conductual. Fue bien”. Padre e hija —Dios les perdone— hicieron vida marital, por así decirlo, aunque las cópulas, matiza la estudiosa, no eran muy a fondo (?). ¿Incesto entre los gorilas? “En la naturaleza no se produce y en cautividad la tendencia es a evitarlo para mantener la diversidad genética. Pero con Copito en aquel momento era el mal menor”. Y había perspectivas de conseguir otro albino, lo que hubiera sido muy rentable. A Copito no se le cruzó luego con sus nietas, dice Abelló; aunque se le hicieron extracciones de semen, asunto complejo pues el miembro viril del gorila es inusitadamente pequeño —hay primates y primates—. Además, el carácter y la corpulencia del gorila no facilitan precisamente que le manipules los bajos. La electroeyaculación a que se sometió al mono blanco en 1986, de la que la especialista fue testigo —“aquel día yo llevaba un lazo en la cabeza”, rememora dando prueba de cuán selectiva es la memoria—, apenas produjo una gota.

Mientras Virunga estaba de pareja de su padre, que ya es trance, sus hermanas Machinda y Kena disfrutaban, en cambio, de la presencia del holandés Xebo. “Virunga era consciente de que había cerca un macho joven. Copito era viejo ya. Cuando tenían contacto visual los dos jóvenes, Xebo y Virunga, ¡él mostraba unas alegrías y ella una coquetería…! Decidimos juntarlos un rato cada mes”. Las primeras buenas cópulas de Virunga, dice la especialista en primates, llegaron entonces, con Xebo. “Luego ella se quedaba como si pensara ‘¿dónde estará ese buen mozo?’ y ‘¿por qué me devuelven al viejo?”. ¿Disfrutan los gorilas? Tienen fama de tímidos. “Es difícil decirlo a ciencia cierta, pero todo indica que sí, que el sexo es placentero, como para nosotros. No son tan limitados como algunos creen”.

Al morir Copito, en 2003, Virunga y Xebo pudieron unirse permanentemente. “Eran felices, irradiaban amor”. Y juntos han estado hasta ahora, aunque Xebo se mostraba más inclinado últimamente por Machinda, hermanastra de Virunga, que le dio una hija en 2010, la muy mona Babule. A Xebo se le puede ver en el recinto. El miércoles estaba cabizbajo y parecía abatido. Pero entonces bostezó. ¿Ha mostrado duelo? “La desaparición de Virunga no ha sido de golpe, tuvo diarreas y hemorragia, ha estado en tratamiento y el máximo tiempo posible con su familia. Los gorilas perciben la enfermedad y la ausencia, es difícil decir si tienen conciencia de la muerte”. En los últimos momentos, Virunga estaba sola, aislada del resto. “Cuando murió procuramos que no nos vieran al llevárnosla. Al día siguiente, Xebo la buscaba en el dormitorio de ella. Le dimos higos y dátiles, y se le olvidó. Los gorilas no lloran, echan en falta a los otros un par de días y vuelven a su vida de siempre”. La hija de Virunga, N'tua, estaba tranquila. Aunque ahora deberá encontrar su nueva posición en el grupo como huérfana.

¿Ha sido feliz Virunga? “Yo creo que sí. Ha tenido una familia, una buena hija, un buen macho… Su existencia ha sido tan feliz como podía serlo”.

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