lunes, 17 de octubre de 2011

Adiós al periodista

Granados Chapa dice adiós a Plaza Pública

Después de 34 años de escribir su columna, decide que es momento de despedirse

El periodista mexicano Miguel Ángel Granados Chapa se despidió de su columna Plaza Pública, publicada en el diario Reforma.

Un par de frases sencillas y sin más preámbulo decide decir adiós. “Esta es la última vez en que nos encontramos. Con esa convicción digo adiós”, dice su columna de hoy, titulada “De coalición en coalición”.

Plaza Pública se publicó por primera vez en 1977 y es la firma principal de la sección de Opinión de Reforma desde 1993, año en que se fundó el rotativo.

Miguel Ángel Granados Chapa fue periodista hace más de 40 años. Se preparó para serlo en la Universidad Nacional, donde cursó las carreras de derecho y de periodismo (amén de asistir después al doctorado en historia en la Universidad Iberoamericana). Su propósito consiste en hacer públicos los asuntos públicos, que no son coto de los políticos.

El reconocido periodista ha sido galardonado en tres ocasiones con el Premio Nacional de Periodismo, el primero fue en el año de 1981 por artículo de fondo, el segundo en 2004 por trayectoria periodista y en 2006 fue precisamente por columna periodística.

También fue reconocido con la Medalla Belisario Domínguez del Senado de la República en 2008, mientras que un año después le fue otorgado el Doctor honoris causa por la Universidad Autónoma Metropolitana en 2009.

Grados Chapa además fue autor de varios libros entre ellos, "La Banca nuestra de cada día" (Océano, 1982). "Alfonso Cravioto, un liberal hidalguense" (Océano, 1984), "¡Escuche Carlos Salinas!" (Océano. 1996), "Fox & Co. biografía no autorizada" (2000), entre otros. Recuerdo también cuando fue candidato a gobernador de Hidalgo osease también quiso ser político.

aquí su última columna:descanse en paz

De Coalición A Coalición

Por: Miguel Ángel Granados Chapa

Plaza Pública

Es preciso eliminar la confusión posible entre una coalición electoral, figura jurídica ya existente en nuestro derecho, y la propuesta en curso de integrar gobiernos de coalición. Ambas, por supuesto, demandan la integración de voluntades partidarias. Pero su propósito es diferente. En la alianza electoral se trata de triunfar en comicios, y si bien suele pactarse un programa de gobierno, de que se le incumpla no necesariamente se siguen consecuencias para la gobernabilidad. Es conveniente hablar de esa primera significación, porque aunque sean pocos y luzcan trasnochados, aun hay quienes hablan de la unión del PAN y el PRD para evitar la victoria priista el año próximo. Pero no es tal coalición de la que hablamos ahora, sino de una reforma constitucional iniciada por el senador Manlio Fabio Beltrones para introducir el gobierno de coalición, que puede configurarse aun entre partidos que hayan contendido abiertamente en las elecciones previas. El fin principal de esta innovación es garantizar los acuerdos entre partidos conforme a programas y responsabilidades compartidos. También se procura evitar los intentos casuísticos de consenso, que se cumplen parcialmente y por lo mismo suelen fracasar, amén de generar entre las partes incriminaciones. Acuerdos a medias, o desacuerdos francos dejan un poso de resentimiento entre los ciudadanos, una sensación de que la democracia práctica, la que conduce a resultados, es imposible. No son esas necesariamente las bases de que parte la iniciativa de Beltrones pero sí sus consecuencias. Nadie es tan ingenuo para ignorar que el dirigente senatorial camina en dos sendas cuya meta es la Presidencia de la República. Lo hace con andar acompasado. Presentó el 14 de septiembre el proyecto de reforma constitucional de que hablamos y lo ha ido rodeando de apoyos, procedentes de partidos y personas entre los cuales la iniciativa se aprecia en sus propios méritos. Consiguió el apoyo de los líderes de las fracciones a las que, como presidente de la Junta de coordinación política o de la mesa directiva del Senado ha encabezado por más de cuatro años. Es menos afortunada la suerte de su proyecto en la Cámara de Diputados, donde proliferan los partidarios de Enrique Peña Nieto, capaces de ver sólo pasos de Beltrones hacia la candidatura presidencial y no el empuje de un dirigente legislativo que, amén de su destino personal, se halla en la ocasión de echar adelante reformas estructurales que favorezcan el desarrollo y la democracia. Con suertes distintas, Beltrones ha impulsado reformas constitucionales de enorme alcance o que quedaron como meras trochas que hay que despejar para transitar sobre ellas. La reforma constitucional en materia electoral transformó a profundidad el sistema de medios de comunicación en esa materia. Si bien sus habilidades políticas y un adecuado ejercicio de la oportunidad le evitó pagar el alto costo de un conjunto de medidas que aun lastiman a profundidad a los concesionarios de radio y televisión, lo cierto es que tuvo el valor y la audacia para hacer saber a los dueños de esos poderes fácticos, que es posible enfrentar desde los poderes institucionales que no son, como algunos miembros de la CIRT suponen, propiedad particular suya, sino bienes de la nación. Pretendió también Beltrones, esta vez sin resultado alguno, una reforma hacendaria que abarque todos los recursos del estado, y ejerza la autoridad del estado sobre los ingresos y el gasto público. En este caso pudo más el coyunturalismo preelectoral y la propuesta se atoró en los lodazales del interés partidario interno del PRI (como ha ocurrido con la reelección de legisladores) y con ello se evitó la libre conjunción de intereses partidarios y los de parcelas extensas de ciudadanos. Tras el avance parlamentario de su iniciativa, Beltrones ha conseguido el apoyo de un grupo relevante de la sociedad civil, que la resumieron y ofrecieron sustento relevante en un texto titulado "Democracia constitucional". Son cuarenta y seis los formantes y es imposible darles aquí espacio a todos sus nombres Incluyen militantes políticos (sólo unos cuantos del PRI) en receso o activos, creadores artísticos, intelectuales, investigadores, etc. Es posible que ninguno de ellos (salvo los senadores Pedro Joaquín y Francisco Labastida) voten por Beltrones en la elección interna o constitucional, porque es remoto el progreso del ex gobernador de Sonora en esa ruta. Pero con su iniciativa buscar impulsar esa posibilidad y contribuir a mitigar las lastimosas condiciones de vida de nuestro país. Casi nadie entre los firmantes, y por supuesto entre los mexicanos todos, pueden negar la terrible situación en que nos hayamos envueltos: la inequidad social, la pobreza, la incontenible violencia criminal, la corrupción que tantos beneficiarios genera, la lenidad recíproca, unos peores que otros, la desesperanza social. Todos esos factores, y otros que omito involuntariamente pero que actúan en conjunto, forman un cambalache como esa masa maloliente a la que cantó Enrique Santos Discépolo en la Argentina de 1945. Con todo, pudo cantarle. Es deseable que el espíritu impulse a la música y otras artes y ciencias y otras formas de hacer que renazca la vida, permitan a nuestro país escapar de la pudrición que no es destino inexorable. Se que es un deseo pueril, ingenuo, pero en él creo, pues he visto que esa mutación se concrete. Esta es la última vez en que nos encontramos. Con esa convicción digo adiós. Así se despedía el viernes pasado hoy ya se fue murió ayer domingo ahora si la plaza se cerró.

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