sábado, 4 de septiembre de 2010

UN LIBRO PARA LEER Y REFLEXIONAR


Una faceta poco conocida de Cristina Rivera Garza es la de historiadora. Para el lector que disfrutó de “Nadie me verá llorar” y quienes deseen asomarse a una lúcida investigación sobre el Manicomio General de México La Castañeda, el libro constituye una pieza medular.

Cuando Rivera Garza vio por primera vez un expediente médico de La Castañeda tuvo la certeza que su experiencia derivaría en un libro. Pero no fue uno, sino dos y quizá sean más si decide seguir el hilo de la madeja de las narrativas dolientes e injusticias que tuvieron lugar de 1910 a 1930. En este ejercicio de hermanos siameses, como lo denomina la autora, la ficción encuentra su cauce en Nadie me verá llorar y la no ficción en La Castañeda. Pocas ocasiones los escritores revelan cuáles son sus fuentes y de dónde obtuvieron la información que finalmente quedó plasmada en su libro. Ésta es una de ellas. En el caso de Rivera Garza, a manera de un palimpsesto, elabora un sólido retrato sobre cómo era la vida en el hospital psiquiátrico que se fundó hace 100 años y poco a poco va revelando los datos de los internos que le llamaron la atención, como es el caso de M. Burgos. También se destaca la labor que hizo el criminólogo Carlos Roumagnac, quien realizó entrevistas a los internos.

Bajo el amparo de Walter Benjamin, se aborda la historia no de una manera lineal y tampoco como un Sherlock Holmes que intenta buscar la verdad oculta, sino que recurre a mostrar tantas versiones como sea posible en un collage etnográfico.

Rivera Garza recuerda al director de orquesta y compositor Pierre Boulez cuando se refiere que hay que tocar a los músicos como si fueran las teclas del piano. En esta ardua tarea sobre los inicios de la psiquiatría en México, donde a las mujeres se les diagnosticaba con locura moral por el hecho de que hablaban demasiado, la autora no sólo toca los documentos como si fuesen teclas del piano, sino que interpreta con ellos, en cierta forma, las Variaciones Goldberg. Con motivo del bicentenario-centenario de la independencia y la revolución mexicana respectivamente; les recomiendo el texto número 11 de la serie: "Colección Centenarios". El presente libro pretende en todas sus áreas dar a conocer a los lectores; una narrativa doliente histórico-psicológica de los pacientes y administrativos de aquellos quienes estuvieron presentes en el Manicomio General de México. Espero lo disfruten.

"El Manicomio General de México La Castañeda" inició su vida pública en medio de las fanfarrias con las que el régimen de Porfirio Díaz inauguró las celebraciones del Centenario de la Independencia de México el 1° de septiembre de 1910. En sus patios y pabellones, en sus talleres y jardines, bajo las sombras de su castaños, se escribió una historia alterna de la modernización mexicana. Sin heroísmos, desde el lado más doliente de la realidad, esta historia se desarrolló en los diálogos -obsesivos, entrecortados, oscuros- de internos y doctores; comisarios y familiares; policías y licenciados; alrededor del tema de la locura. Todo formaba parte de la conversación: la fe, el sexo, la pobreza, la pérdida, las distintas formas del rencor, los celos, el amor, la política. Ahí donde los médicos intentaban componer una figura profesional, traduciendo lo que escuchaban a los términos de la incipiente psiquiatría, los internos lograron con frecuencia transmitir sus experiencias personales con el padecimiento mental. El lenguaje de la calle se introducía, así, a los diagnósticos institucionales. El veredicto familiar. La versión más intima. La Castañeda permaneció abierta durante 58 años y cumplió con diversas funciones sociales: un hospital, un lugar de cobijo, una cárcel apenas disfrazada, una última oportunidad, un archivo... Una ciudad de juguete. Una metáfora de los tiempos por venir. Un futuro que ya nos alcanzó

La escritora, Cristina Rivera Garza dijo que "La Castañeda", es la historia de la modernidad de México desde su lado más vulnerable; además de ser las voces de los más débiles y más desposeídos de la historia, mismas que son importantes recordar en el marco del Bicentenario.

Definió al centro psiquiátrico "La Castañeda" como una institución muy compleja; toda vez que durante sus 58 años de vida, siempre tuvo sobrepoblación, poco personal y poco presupuesto. Cuando se terminó su vida activa en 1968, se tuvieron que crear seis hospitales para cubrir las funciones que cubría la misma.

La autora cree que es necesario tener el cuidado de la salud mental además de que en estas épocas del Bicentenario es importante que recordemos que estas voces dolidas, estas voces sufrientes son parte de la nación y que hay que ponerles atención.

A la par de los héroes de la Revolución, de los que hablan los libros de historia, hubo otros que fueron olvidados. Héroes cotidianos de vidas rotas que llegaron al Manicomio General La Castañeda de cuya inauguración se cumplen cien años.

Lo que vemos es este heroísmo cotidiano, no el grandilocuente o el que pasa por la luz de los reflectores, sino el que sobrevive con dignidad ante retos muy fuertes, que son los retos de todos estos cambios que ocurren de forma muy veloz en épocas de modernización,– ¿Este libro puede ser la otra cara de la moneda en las conmemoraciones por el centenario de la Revolución?

Una de las razones por las cuales considero publicar el libro ahora fue un poco para ampliar la conversación en tiempos de conmemoraciones de centenarios y bicentenarios.

En este libro, una de las cosas que vas a encontrar son las voces de los pacientes pobres, casi todos, que llegan a La Castañeda. eran personas que ingresan al manicomio con vidas rotas, partidas en muchos pedazos.

Son evidencia de la crisis y del fracaso del proyecto modernizador de inicios de siglo y son evidencia también de estas experiencias del cuerpo con la enfermedad en contextos históricos específicos.

ahora es muy importante recordar eso: que hay, que hubo, que sigue habiendo este tipo de experiencias, este tipo de vidas difíciles con grandes retos y que son parte de la nación, porque una nación que no pone atención a sus voces más dolientes va a entrar en grandes problemas.

Cristina Rivera Garza (Matamoros, 1964) ejerció en este ensayo su carrera de historiadora; durante 15 o 18 años se dedicó a estudiar los expedientes del Archivo Histórico de la Secretaría de Salud. dice mi vida evidentemente cambió el día que abrí el primer expediente. Fue como los amores a primera vista.

De ese flechazo nació Nadie me verá llorar, novela cuya protagonista principal, Matilda Burgos, está internada en La Castañeda. Primero la ficción, después el ensayo de historia.

sabemos usualmente que en el orden natural de las cosas –si hay orden y si es natural– viene primero la no ficción y después la ficción, y aquí sucede que primero escribió la novela. y despues La Castañeda... Un manuscrito que ha trabajado por mucho tiempo. historiadora de profesión,que hizo su tarea, y llevo a cabo la investigación. La Historia es una disciplina que quiere mucho, por eso tenía esta deuda con esta investigación que estuvo guardada durante mucho tiempo, Mientras que "Nadie me verá llorar" es ficción documental más que novela histórica, dice la autora de La frontera más distante. Este nuevo libro "La Castañeda" no entra en la categoría ortodoxa de ensayo histórico.bueno a ver qué dicen los historiadores. Cuando se escribe historia se debe tener un aparato documental, citas de pie fidedignas, y cosas por el estilo, pero de ahí en fuera creo que es un trabajo tan creativo e imaginativo como el de la novela, cada uno con sus reglas, con sus tradiciones.

Poco más de 40 años después del cierre de La Castañeda, ¿No cree que ha cambiado la relación del Estado con los pacientes Psiquiátricos?

ya que sigue siendo muy problemático; comenta ahora hemos pasado por una "siquiatrización", si lo quieren llamar así, del lenguaje cotidiano, ahora todos padecemos depresión, bipolaridad, mil cosas. En ese sentido se ha expandido, se ha diseminado el lenguaje de la Psiquiatría a nuestra vida cotidiana: en lugar de parecer un estigma, ahora tienes que tener un Psicólogo y/o terapeuta, si no algo está mal con tu vida.

También dice sin ser experta que las condiciones actuales de los hospitales estatales de Psiquiatría, parece ser que padecemos lo que se "padece" tanto en este país: falta de presupuestos adecuados, de políticas claras, eficientes y cosas con las que tenemos continuamente que estar trabajando y luchando.

La Castañeda fue un reflejo de lo que ocurría en el país, pero desde su lado más vulnerable, más dolido. Sería casi automático pensar que lo que pasa en un manicomio no es central para el país, pero ella cree que no es así, que el diálogo que se lleva a cabo en estas instituciones no es marginal. El hecho que se le haya dedicado tanta atención a La Castañeda desde su inauguración, por ejemplo, o de que haya sobrevivido como leyenda negra en nuestro imaginario social por tantísimos años nos está indicando que el tema de conversación que se desarrolla dentro de sus consultorios, patios y habitaciones es central para todos.

El Manicomio General La Castañeda institución emblemática a la cual Cristina Rivera regresa a través de una revisión social y cultural de lo que ella misma considera como “el gran proyecto modernizador del Porfiriato, convertido en el gran proyecto modernizador fracasado de la posrevolución”.

A través de La Castañeda la escritora se propuso ofrecer una mirada social y cultural, más que la visión meramente médica de la enfermedad mental, de lo que fue el lugar; la versión histórica se encuentra en el volumen, en la que cada uno de los datos incorporados está respaldado por un aparato documental.


El manicomio se inauguró el 1 de septiembre de 1910, en el contexto de las celebraciones por el centenario de la Independencia, y funcionó hasta 1968; siempre tuvo problemas de financiamiento, exceso de pacientes, poco cuidado. Su fracaso estuvo determinado por las fragilidades que traía dentro: estas otras voces, maneras de ver y experimentar la realidad, que usualmente están diseminadas en la sociedad, aunque ahí estuvieran todas juntas.



El Libro lleva como subtítulo Narrativas dolientes desde el Manicomio General, bajo el entendimiento de que las voces más frágiles y más dolientes resultan relevantes en el proceso mismo de definir quién tiene derecho a hablar y quién tiene el deber de escuchar.

“Como sociedad ganamos mucho cuando estamos dispuestos a aceptar que las otras experiencias de lo real forman parte de la Nación en la cual vivimos: no prestar atención a las voces más frágiles y más doloridas, siempre nos mete en problemas como Nación.”

Una aproximación a los discursos, en especial al resultado de los diálogos entre médicos y pacientes, se refleja en el libro, los que contribuyen a cuestionar una versión oficialista, falsamente triunfante, a veces innecesariamente celebratoria, porque en esas narrativas se halló el elemento “más humano, más palpitante, más volátil, y más frágil de esa historia”.

“Contribuyeron a no dejar de lado, en nuestras historias nacionales y colectivas, la realidad del cuerpo. Por eso, no es tanto que reflejen lo de afuera, sino que trajeron todo el debate social y lo concentraron en esto que es la historia del cuerpo, del cuerpo en crisis: del cuerpo, la mente y su ruptura.”

En ello radica la vigencia de cualquier acercamiento a un tema como el de La Castañeda: sobre todo en términos sociales, fueron sus internos quienes nos mostraron los miedos y los límites de la primera mitad del siglo XX: del proyecto renovador de Porfirio Díaz a los demonios que salieron de ahí durante seis décadas.

“Nos dan miedo, pero también son una visión relevante, porque siempre nos enseñan a ver un poco más allá, porque nuestros locos nos enseñan nuestros extremos y nos enseñan los mecanismos de nuestros demonios, porque nuestros locos nos ponen siempre en posición hacia nuestro propio abismo.”

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