martes, 15 de marzo de 2011

A propósito del cine

El discurso del rey refleja lo que hoy se sabe sobre la tartamudez

El trastorno se genera por dificultades en las áreas de control motor del lenguaje

En la película que ganó el Oscar, El discurso del rey, Jorge VI comienza a tartamudear a los cuatro años y lucha con ese problema durante toda su vida. Sin embargo, raramente habla como el típico tartamudo, como el cerdito Porky, repitiendo rápidamente sonidos; usualmente, el rey tiene inconvenientes para que los sonidos salgan de su boca y su discurso está salpicado de abruptas pausas.

Su tartamudez se agrava en situaciones estresantes, como confrontar con su hermano o dirigirse al público, pero habla mejor cuando juega con sus hijas, canta palabras o insulta, o cuando la música lo aturde y no puede oírse a sí mismo.

Los especialistas dicen que estos detalles, descriptos por un guionista que tartamudeaba, son un buen reflejo de la realidad. Allí se encuentran las claves de este desorden frecuentemente devastador, afirman, que están comenzando a develar con la esperanza de encontrar mejores tratamientos.

Contrariamente a lo que se cree, las causas de la tartamudez no son los problemas psicológicos, como la ansiedad o el trauma. Según los científicos, la tartamudez es en realidad un problema en la producción del lenguaje: una brecha en la cascada de pasos que nuestros cerebros y cuerpos realizan para mover los músculos indispensables para producir palabras.

"Las personas que tartamudean tienen dificultades motoras -dijo Luc De Nil, de la Universidad de Toronto-. No tienen problemas para desarrollar palabras o sintaxis, pero sí para coordinar de forma eficiente los movimientos. El lenguaje requiere habilidades muy complejas, y un secuenciamiento y coordinación extremadamente rápidos."

Hablar no sólo involucra áreas cerebrales responsables del lenguaje, sino también de la audición, la planificación, la emoción, la respiración y el movimiento de la mandíbula, los labios, la lengua y el cuello. Anne Smith, de la Universidad Purdue, dijo que en los tartamudos, "los «generales» [las áreas motoras] del cerebro, que controlan a los soldados [los músculos], no envían las señales correctas, de modo que éstos se confunden y corren por todos lados".

Una de las características más llamativas de la tartamudez es que un chico no exhibe signos del desorden hasta que aparece, generalmente cuando el habla se hace más complicada.

"No hemos sido capaces de encontrar indicadores de la tartamudez antes del primer día en que se manifiesta -dijo Nan Ratner, de la Universidad de Maryland-. Todo parece perfecto, hasta que súbitamente no lo está."

Generalmente no comienza con los primeros vocablos de los chicos, agregó, sino "cuando están empezando con la gramática del lenguaje, las preposiciones y las pequeñas palabras que uno omite cuando está enviando un mensaje de texto".

Dificultades no verbales

Smith monitoreó las ondas cerebrales de niños mientras miraban dibujos animados en los que se insertaban errores de significado ("Papá puso el caballo en su café") y gramaticales. Los cerebros de los tartamudos responden a los errores de significado del mismo modo que los hablantes normales, pero tienen menor respuesta a los errores gramaticales, afirmó.

Los científicos están encontrando algunas respuestas a este problema. Examinando las imágenes cerebrales de personas que comenzaron a tartamudear de niños y de aquellos que lo hicieron después de padecer un accidente cerebrovascular, De Nil encontró una actividad excesiva en las áreas involucradas en el control motor del lenguaje y la coordinación de los movimientos requeridos para hablar.

Estas regiones cerebrales pueden estar trabajando de más porque los tartamudos no desarrollan "el patrón automático para hablar" usual en quienes no tartamudean, dijo Smith. "Es la diferencia entre manejar un Mercedes último modelo que funciona muy bien y un Toyota de hace 40 años", explicó.

De Nil también encontró menor actividad en un área del cerebro involucrada en oírse a uno mismo. Las razones no están claras, pero pueden reflejar, como en la película, que a los tartamudos les resulta más fácil hablar cuando eliminan su propia tartamudez, dijo Ratner.

Los científicos también encontraron dificultades motoras en algunas actividades no verbales que involucran secuencias. De Nil descubrió que los tartamudos tienen dificultades cuando se les pide que tecleen secuencias de números en un teclado.

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