jueves, 8 de diciembre de 2011

La Silla del Águila


Parafraseando a Monsiváis (en Días de guardar, crónica sobre Raphael), el que esté libre de cometer pendejadas bibliográficas, que arroje la primera cita.

Somos lo que tuiteamos?

Tenemos el gobierno y a los políticos que merecemos, según la sabiduría popular.Eso es una gran mentira.México tiene el gobierno y a los políticos que produce. Ambos son reflejo de nuestra realidad.

-¿Por qué son incultos nuestros políticos? Porque predominan los mexicanos incultos.Si en nuestro país se lee medio libro al año por habitante, en promedio, ¿qué otra cosa podríamos esperar del pueblo y de sus políticos?

Octavio Paz solía decir: "Nunca van a convivir la letra y el cetro. pero es peor cuando no conviven la letra y el pueblo".

Con tal destreza el poeta calificaba la relación entre dos poderes. El poder del intelecto y el poder de la política. La letra como símbolo de la cultura y, el cetro, como emblema del poder. Rara vez conviven ambas esferas.Creo que el problema de México no es que un político se equivoque y confunda a un autor. Que mezcle el agua con el aceite. No. Es más profundo.El problema de México es que son decenas de millones de mexicanos que no saben leer, porque no entienden lo que leen. No por ser analfabetos. Porque prefieren el atajo que cuesta menos trabajo. Porque prefieren ver que mirarMucha gente contacta con la realidad sólo a través de los medios de comunicación, incluido Twitter. De tal suerte, lo que no aparece en los medios, no existe, y viceversa.

Si el señor no la hubiera regado, muy pocos se hubieran enterado de que estuvo en la FIL. Es más, no sabrían ni qué es la FIL.Si el smartphone reduce la capacidad de reflexión y de expresión, los medios de comunicación andamos poquito peor.

Vende más la face del Precandidato que el book que no leyó. Vende más bailar por un sueño, por cualquier tarugada. Que invitar a pensar.Pero preferimos seguir hablando de Kalimba o Juayderito en un país de raíz profunda. Se nos olvida que la misión de los medios debería ser "decir la verdad y avergonzar al diablo", como sugería Walter Lippmann. Ser odiado por todos. Del bando que sea. Sentarse frente a las cámaras, el micrófono o la computadora y no ser amigo de nadie.Pero hasta eso se nos ha olvidado.Porque tener memoria no vende, o vende muy poco.

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