martes, 21 de junio de 2011


Deje de ser un esclavo de la tecnología, aprenda a poner límites

Conectividad constante puede hacer que las necesidades de la jornada laboral se vuelvan infinitas.

¿Se siente estresado cuando se demora en responder correos? ¿Le angustia estar disponible para sus jefes las 24 horas del día a través de dispositivos electrónicos? ¿Chatea con compañeros o amigos incluso cuando está en el baño?

De sus respuestas a estas preguntas depende el grado de estrés tecnológico que sienta.

La mayoría de los expertos coincide en que el estrés que se genera en la casa, el trabajo o en las vacaciones es el mismo, y esta expresión es cada vez más usada en estudios científicos que alertan sobre cómo un mal manejo de las tecnologías lleva a los trabajadores a dinámicas agotadoras.

Algunas encuestas muestran que, en promedio, un empleado envía y recibe 108 correos al día. Larry Rosen, profesor de psicología de la Universidad de California (EE. UU.), analizó el estrés que produce la creciente cantidad de tecnología cotidiana, en su libro Techno stress. Según él, los avances tecnológicos ahorran tiempo y pueden ayudar a trabajar mejor, pero el usuario tiene que establecer límites para controlarlos.

Para el psiquiatra Juan Fernando Cano, las tecnologías, que se actualizan constantemente, "hacen que muchas personas sientan una presión por responder de manera inmediata y eso acentúa la ansiedad".

El problema, cree Cano, es que hoy la mayoría de la gente "espera que uno le responda un correo electrónico a los dos segundos", y eso resulta imposible y contraproducente. "La mejor respuesta no es la inmediata, sino la pensada a conciencia. Cuando luchamos por hacer todo al tiempo corremos el riesgo de equivocarnos, y eso genera más ansiedad".

Malo para la memoria

El otro problema de estar expuesto a estímulos tecnológicos es que la gente se vuelve más propensa a tener problemas de atención y de memoria.

"Debemos responder a muchas cosas a la vez y el cerebro no tiene tiempo para procesar toda la información, lo que nos lleva a olvidar las cosas con mayor frecuencia", afirma Cano.

Según Rosen, esa dificultad para concentrarse es producto de la "multiactividad" generada por las nuevas tecnologías. "El cerebro se hace adicto a los elevados niveles bioquímicos que causa ocuparse de muchas tareas a la vez y acaba por ser incapaz de concentrarse en una sola", dice.

Un estudio del Institutos Nacional de Salud de EE. UU. Mostró que el área del cerebro que controla el comportamiento multifuncional utiliza un mecanismo llamado bifurcación, que permite distraer nuestra atención, concentrarnos en otra cosa y luego volver a la inicial, pero cuando hay sobrecarga se almacenan las tareas no finalizadas a la espera de un momento para resolverlas y, por mantener la mente activa, nos estresamos más de la cuenta.

Deje de ser un esclavo de la tecnología

¿Es útil ser 'multitareas'?

¿Se cree capaz de hacer varias tareas al tiempo, y bien? Haga la siguiente prueba: cuente cuánto se demora en escribir dos listas con las letras del alfabeto en orden y los números del 1 al 27. Primero, haga una alternando entre ambos (a, 1, b, 2, c, 3, etc.); luego, hágala de manera separada: anote letras y después los números. Es muy probable que se gaste casi el doble de tiempo en la primera.

Cree horarios para evitar enloquecerse

Expertos Recomiendan fijar horarios diarios para revisar mensajes telefónicos y de correo y comunicarles eso a compañeros de trabajo, familiares y amigos.

Cano aconseja, además, dejar de creer que la única manera de tener éxito profesional es estar conectado todo el tiempo, responder siempre de primero y tener el dispositivo electrónico más moderno. "Hay que aprender a establecer prioridades y buscar un equilibrio para no sacrificar la vida personal", señala.

Más de dos tareas a la vez, en contra de la biología

Un estudio de 'Science' sugiere que la capacidad del cerebro para hacer más de dos cosas a la vez es limitada.

Cuando la gente hace una sola cosa, se activa una parte del lóbulo frontal, y cuando se realizan dos tareas a la vez, el cerebro le asigna un hemisferio a cada una de ellas (el derecho se encarga de la principal y el izquierdo de la secundaria). Para que las dos sean igual de importantes, el cerebro las cambia de hemisferio, pero esa capacidad se bloquea cuando una tercera acción entra en juego.

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