viernes, 26 de noviembre de 2010

RADIO EDUCACIÓN 86 AÑOS DE ESTAR EN ONDA

El próximo 30 de noviembre, Radio Educación cumple 86 años de haber aparecido en el cuadrante.

Creada por José Vasconcelos en 1924, Radio Educación es la primera radiodifusora cultural y educativa de México y América Latina.

El 23 de noviembre, la emisora cumple también 42 años de transmisiones ininterrumpidas.

Radio Educación tiene dos fundaciones que se integran en una sola historia. La primera, iniciada por José Vasconcelos en 1924 y otra por Agustín Yáñez en 1968. Ambas entrelazadas por el espíritu que guió a dos notables mexicanos para llevar, a través de la radio, la educación y la cultura a todos los rincones del país. La emisora ha tenido, a lo largo de más de ocho décadas, una presencia permanente en la radiodifusión mexicana.

El 30 de noviembre de 1924 dieron inicio las transmisiones de la radiodifusora de la SEP, identificada con las siglas CYE, que significaban Cultura y Educación. Creada por José Vasconcelos, surge como un instrumento relevante del proyecto educativo nacional, por lo que este próximo martes 30 de noviembre, la primera emisora cultural y educativa de México y América Latina celebrará 86 años de su fundación.

El 23 de noviembre de 1968, Agustín Yáñez, al frente de la Secretaría de Educación Pública, da inicio a la transmisión de Radio Educación en el 1060 de AM, misma que no ha sido interrumpida hasta la fecha.

La historia y la memoria están presentes a lo largo de todos estos años. Ya sea como creadores radiofónicos o como radioescuchas, todos hemos formado parte de Radio Educación, pues esta emisora ha sido referente indiscutible de la radiodifusión mexicana, protagonista de nuestra cultura contemporánea y una generadora de propuestas innovadoras en contenidos y formatos radiofónicos.

Su acervo sonoro, uno de los más ricos e importantes de América Latina, da cuenta de cómo lo radiofónico es terreno fértil e ilimitado para relacionarse con el pasado y el presente, al tiempo que muestra la calidad de sus propuestas y la experimentación como constante búsqueda en la interlocución con sus audiencias.

Radio Educación ha sido voz de todas las voces y ha puesto de relieve la pertinencia y la importancia de la radio pública, educativa y cultural en la historia de México, a la que la emisora ha acompañado en sus momentos relevantes, con propuestas que informan, acompañan e impulsan a la imaginación o a la reflexión.

La emisora de la Secretaría de Educación Pública, que coordina el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes,cuenta actualmente con una amplia cobertura geográfica a través de sus cuatro señales: amplitud modulada (1060 de am), vía satélite (Canal 2 de la red Edusat), Internet (www.radioeducacion.edu.mx) y Onda corta (6185 kilohertz, en la banda internacional de los 49 metros). Ofrece una programación hablada con contenidos culturales, educativos, informativos y de orientación que se complementa con una programación musical de la mayor diversidad, con géneros como el clásico, jazz, música popular mexicana, rock, música afroantillana y música del mundo. Propuestas que no se escuchan comúnmente en la radio comercial. Asimismo, cuenta con una barra de noticias y programas de análisis para ofrecer a su auditorio un panorama crítico del acontecer nacional e internacional.

Al hablar de Radio Educación se entabla un diálogo con la ciencia, la tecnología, el teatro, la danza, las artes visuales y la literatura. Su programación propone un encuentro con la pluralidad cultural, artística e ideológica de México y el mundo.

Con dos fundaciones y una creación constante, Radio Educación es un espacio fundamental en la cultura mexicana. Es tradición y vanguardia en el siglo XXI.

sábado, 30 de octubre de 2010

LA ORALIDAD
(una práctica olvidada)

Cuesta entender que la práctica de la lengua ocurre en cada acto, en cada minuto que acontece en la vida cotidiana; por ende, durante el transcurso de toda la jornada escolar. La hora de 'Lengua' no sucede sólo cuando el cronograma horario lo determina; hacemos 'Lengua' desde que recibimos a los alumnos hasta que los despedimos. Aprender lengua es aprender a usarla.

Las rutinas más elementales: saludar, agradecer, pedir permiso, son actos de habla (actos de lenguaje) mediante los cuales manifestamos intenciones concretas.

Desde la Educación Inicial, cada niño viene acompañado de una historia personal que lo singulariza. Desde ese estándar local, particularísimo que trae —propio de su entorno— tendremos que ir acompañándolo en la construcción de su recorrido hacia el estándar general, convencional, para que liberado de los soportes y 'andamios' adultos ofrecidos, pueda continuar su relación con el medio.

El niño llega a 'Jardín' junto con la ilusión de nuevos mundos inculcados desde el hogar, pero también trae sus miedos, sus fantasías y la palabra. Los enunciados —aunque torpes— le permitirán expresar lo que siente, desea o teme. Pero para ello habrá que generar el espacio adecuado y las condiciones adecuadas. A través del juego, de la plástica, de la música y hasta de 'lo no dicho', él nos estará diciendo por qué caminos anda o qué le está sucediendo. Todo su cuerpo habla; sólo necesita que alguien lo escuche para que lo interprete e inicie una relación dialéctica de genuina retroalimentación.

Somos sujetos del lenguaje y sujetados al lenguaje. Lenguaje y pensamiento van de la mano construyéndose y apuntalándose mutuamente; cuanta más actividad lingüística ejercitemos, más dinámico será nuestro pensamiento.

¿Hablar? ¿Escuchar?
¿Cuándo, cómo y por qué hablamos?

Desde tiempos remotos sabemos que sin el 'otro' no podemos vivir; para eso aprendemos una serie de enunciados y convenciones que nos permiten interactuar, y como todo inter-cambio implica un proceso de acciones simultáneas que paulatinamente nos van modificando: en nuestros esquemas mentales, actitudes y procedimientos.

'Se aprende a hablar hablando', pero cuando hay algo que decir a alguien que nos está escuchando, siguiendo el curso de nuestras ideas, con respuestas aproximadas o acciones que demuestren la comunicación lograda.

Muchas veces la inseguridad, la preocupación por el desarrollo de la currícula por sobre la relación con el niño, o la presión ejercida por padres y directivos, predispone mal al maestro en su relación con la oralidad. Se supone que sólo sirve lo que queda plasmado en las carpetas (lo escrito), en desmedro de la práctica oral. 'A las palabras se las lleva el viento', 'se la pasaron charlando', 'no hacen nada más que hablar', etc. son unas de las tantas argumentaciones oídas.

Ahora bien, ¿hubo acuerdos previos entre padres, maestros y directivos?, ¿se pensó en una propuesta institucional abarcativa e integradora?, ¿se ubicó al niño en el rol protagónico que le corresponde? ¿se involucró a todos los miembros de la comunidad educativa en el proyecto de enseñar y aprender?

Hablar es producir, es elaborar un enunciado que permita lograr algo con el otro: pedir, argumentar, exponer, felicitar..., y también 'sacar' lo que tenemos dentro y nos preocupa o mortifica, no para que el otro nos resuelva los problemas, sino para liberarnos de la palabra y asumirnos tal cual somos.

Escuchar es comprender; quien escucha no está desempeñando un rol pasivo, está trabajando activamente con el pensamiento (asocia, evoca, relaciona). Si se le piden respuestas, apelará a toda su reservorio para extraer, lo que a su 'criterio' es adecuado para la situación. Y en esa ida y vuelta, se producirá la comunicación.

¿Cómo trabajar la oralidad?

Creando situaciones de intercambio reales, a partir de intereses genuinos. No es lo mismo aprender a hablar 'para' (abstracciones puras), que conversar, dialogar o discutir sobre el crecimiento de una planta, los gatitos que tuvo la gata del vecino, la visita a la panadería o cómo armar un teatrito.

A partir de situaciones 'genuinas', se irán alternando los turnos para que cada uno exprese su parecer, como réplica a lo anterior y así sucesivamente: hablando y escuchando — escuchando y hablando, hasta agotar el tema.

Si en el transcurso surgen desvíos temáticos, el docente coordinador estará atento a reacomodar la situación o bien, a analizar los motivos que provocaron ese 'salto'; será el docente quien organice la coherencia discursiva, creando así las condiciones para el desarrollo de las competencias comunicativas.

Lamentablemente, muchas veces urgidos por el tiempo, damos por supuestas ciertas respuestas, o bien creemos que con 15' diarios de conversación, la oralidad ya está desarrollada, y no es así. Los ofrecimientos para la conversación o el diálogo, deben estar planteados en consignas claras que no impliquen respuestas monosilábicas, ni sobreentendidos que den pie a equívocos, estereotipos o lugares comunes. Cada propuesta requiere un desafío a desarrollar y construir, trabajando activamente.

Si nos acostumbramos a respetar los turnos, a intercambiar, a opinar, a participar, estaremos poniendo en acto la palabra y a través del uso de la palabra podremos llegar a ser usuarios autónomos de la lengua.

¿Qué metas nos planteamos con los alumnos de Educación Inicial?

La alfabetización no se limita sólo al campo de la lectoescritura. De las cuatro habilidades lingüísticas: hablar-escuchar / leer-escribir, no hay que descuidar las dos primeras (largamente postergadas), que aunque con características muy particulares que las definen, no son tenidas en cuenta como corresponde (y no estamos hablando de clases destinadas a Oratoria y/o Retórica y Elocuencia, sino al ejercicio de decir lo que se piensa, sienta o desea).

De la práctica cotidiana de la oralidad, se aprenderá cuándo, cómo y qué decir; esto es, según la situación comunicativa (y el interlocutor de turno), se utilizarán el registro y el nivel adecuados (eso es alfabetizar). De estas ejercitaciones iniciales surgirán naturalmente, los deseos de incursionar por otros terrenos: qué dice ese cuento (macroestructura textual, renarración, perífrasis), cómo lo dice(superestructura textual, formatos discursivos); qué encierran esos soportes textuales que dicen cosas tan bellas y gratificantes?; cómo diferenciar una receta de un artículo periodístico, de un cuento?, etc., estas aproximaciones irán tentando al niño hacia nuevas incursiones, provocadas desde su natural interés.

La necesaria práctica de la oralidad: para conocernos e interactuar, la representación simbólica del lenguaje expresados en el movimiento, el gesto, la proximidad o la distancia, serán los mejores indicios para saber de qué hablamos cuando hablamos y qué escuchamos cuando escuchamos.¤